Proyecciones económicas
El crecimiento sigue resiliente con un incremento del PIB del 2,6%
Advierte de la lentitud en la construcción de vivienda por falta de mano de obra y problemas regulatorios
El Banco de España ratifica que el comportamiento de la economía española viene determinado por dos factores: un crecimiento que sigue resiliente, hasta el 2,6% este año; y al mismo tiempo, una inversión disparada, que se eleva hasta el 3,9% en 2026 y que seguirá muy alta en 2027, hasta el 3,7%. Además, sigue aumentando la brecha con la inflación registrada en la zona euro, que queda muy por debajo.
Los precios de la energía, que han subido de una manera generalizada, son los principales responsables de este aumento de la inflación. Aquí se suman los incrementos del precio del gas a nivel internacional y el encarecimiento del petróleo y de los márgenes de refino, lo que afecta especialmente al gasóleo. De esta manera, el Banco de España ha revisado tres décimas al alza su previsión de junio, hasta el citado 3,9% de inflación para este año por los precios de la energía, mientras que, en cambio, los precios de los alimentos se han modificado a la baja. Una tasa que podría incrementarse en dos décimas más, hasta el 4,1%, si hay repunte de tensiones geopolíticas. Y con la presión de los precios manteniéndose en el 2027, cuando solo se moderaría dos décimas, manteniéndose en un elevado 3,7%.
Este aumento de la inflación ha sido más pronunciado en España que en la zona euro, de manera que se ha ampliado la brecha entre las dos zonas, que estaba en 0,5 puntos porcentuales en abril y que en septiembre ya ha llegado a 1,2 puntos. Desde mediados de 2025, los precios de consumo han crecido en España de forma persistente por encima de los de la zona euro y se han incrementado de manera muy destacada desde el estallido de la guerra de Irán. La razón principal del aumento de la diferencia viene por los precios energéticos, pero también por los del turismo y la hostelería, que en España han subido a mayor ritmo y que además pesan más en la cesta de la compra.
Los tres paquetes de medidas adoptados por el Gobierno para frenar la inflación tienen sus efectos frenando el aumento, pero también un coste. El Banco de España lo sitúa en el 0,52% del PIB, repartido entre un impacto mayor del primer bloque, de marzo a junio, que se lleva más de la mitad, y más reducido de los adoptados en junio y septiembre.
Mientras sufrimos con la inflación, el crecimiento mantiene su buen comportamiento, de manera que el Banco de España ha aumentado tres décimas su anterior previsión hasta dejarla en el 2,6%, la misma que tiene el Gobierno. Las causas son la fortaleza del consumo privado, la creación de empleo y el crecimiento de la población. El gasto de los hogares se mantendrá en los próximos meses gracias en parte a que la tasa de ahorro sigue en niveles elevados, mientras que las ratios de endeudamiento están contenidos.
El comportamiento del mercado de trabajo viene marcado por el proceso de regularización de extranjeros, que crecieron un 17,7% interanual en septiembre por la incorporación a la Seguridad Social de 421.000 afiliados beneficiarios de este proceso. Mientras, la tasa de paro seguirá descendiendo, marcando un 10% este año y un 9,7% el próximo.
Respecto a la vivienda, el Banco de España reafirma su predicción de que el déficit actual de 750.000 pisos respecto a los hogares crecerá hasta el millón en dos años, porque la construcción va más lento de lo previsto. Con esta lentitud en el ritmo de construcción, la terminación de viviendas actualmente en proceso no se notará de forma significativa hasta 2027 y 2028. Ha ofrecido un dato: en los últimos doce meses hay unas 120.000 viviendas libres iniciadas comparadas con solo 80.000 terminadas.
Ante la persistencia de estas presiones de demanda, el Banco de España cree que la inversión residencial debería crecer paulatinamente en los próximos años. No obstante, hasta la fecha, la capacidad de respuesta de la oferta para producir nuevas viviendas ha sido menor de lo esperado, en un contexto marcado por la escasez de mano de obra, el aumento de los costes de construcción y, especialmente, las dificultades en los desarrollos urbanísticos.
Se espera que la presión de la demanda acelere la inversión residencial, pero no a un gran ritmo. Los frenos a esta capacidad de construcción son la escasez de mano de obra, el aumento de los costes y especialmente las dificultades en los desarrollos urbanísticos.